La semana pasada, Chile recibió la visita de Cathy Creswell, profesora de Psicología Clínica del Desarrollo en la Universidad de Oxford y reconocida referente internacional en el tratamiento de la ansiedad infantil. Su mensaje fue contundente: la salud mental de niños, niñas y adolescentes debe ser una prioridad nacional.
Según datos globales, los problemas de salud mental representan el 15% de la carga total de enfermedad en personas de 10 a 19 años, afectando su rendimiento escolar, sus relaciones sociales y el bienestar familiar. El impacto no es solo emocional: también es económico. Estas afecciones reducen la escolaridad, disminuyen los ingresos futuros y afectan el empleo de madres y padres. En Chile, un tercio de las licencias médicas están vinculadas a la salud mental.
La profesora Creswell destacó la eficacia y accesibilidad de tratamientos como la Terapia Cognitivo Conductual (TCC), adaptable a diversos contextos y que puede involucrar activamente a madres, padres y cuidadores. Cuando se combina con herramientas tecnológicas, este enfoque es costo-efectivo y con resultados medibles.
En su visita a Santiago, Creswell compartió la experiencia del Reino Unido ampliando el acceso a terapias basadas en evidencia, resaltando el valor de la TCC guiada por padres. Advirtió que el costo anual de no tratar adecuadamente la ansiedad infantil en Chile podría superar el billón de pesos.
Su llamado es claro: invertir tempranamente en salud mental infantil no es un gasto, sino una inversión en el presente y el futuro del país. Chile tiene la capacidad de implementar servicios eficaces desde los espacios más cercanos a la niñez —el hogar, la escuela y la atención primaria— aprovechando la ciencia y la innovación para garantizar un acceso más amplio y oportuno.